Equipo de Sanamidi · 22 de julio de 2026 · 6 min de lectura
1 de cada 5 hombres en España tiene disfunción eréctil (y la mitad de los mayores de 50)
Los datos españoles hablan de entre 1,5 y 2 millones de hombres con disfunción eréctil. Qué dicen las cifras, cómo han evolucionado los tratamientos y por qué sigue siendo imprescindible pasar por un médico.
Hay un problema de salud que afecta a millones de hombres en España y del que casi nadie habla en voz alta. Según el Estudio de Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina, entre 1,5 y 2 millones de hombres conviven con ella en nuestro país: aproximadamente uno de cada cinco adultos. Y a partir de los 50 años la proporción se dispara — los especialistas la sitúan cerca del 50%.
Dicho de otro modo: si tienes más de 50 y esto te está pasando, estás en la mitad más numerosa. No eres la excepción, aunque el silencio alrededor del tema haga que lo parezca.
Un dato que suele sorprender: no es solo cosa de mayores
Los urólogos insisten en un matiz importante: la disfunción eréctil no es exclusiva de la edad avanzada. Aparece en todas las franjas de edad, y en hombres jóvenes suele tener un peso mayor el componente vascular, metabólico o psicológico. Atribuirla automáticamente a «los años» hace que muchos no consulten y que se pierda información valiosa.
Y es información valiosa por una razón que mucha gente desconoce: la erección depende del buen estado de unas arterias muy finas, así que un problema de erección puede ser la primera señal visible de un problema circulatorio más general — tensión, colesterol o azúcar mal controlados. En bastantes casos aparece años antes que otros síntomas cardiovasculares. Por eso, en medicina, se considera un aviso que conviene mirar, no solo un asunto de vida sexual.
Los tratamientos han evolucionado (y eso importa)
La buena noticia es que la disfunción eréctil es de los problemas con mejor respuesta al tratamiento. La familia de fármacos más conocida —los inhibidores de la PDE5— lleva décadas usándose con un perfil de seguridad bien estudiado, y en los últimos años el avance no ha ido tanto de moléculas nuevas como de la forma de tomarlas: presentaciones que se absorben más rápido, que no necesitan agua, más discretas y con dosis más flexibles.
Puede parecer un detalle menor, pero los especialistas destacan justo lo contrario: la comodidad y la discreción influyen en que el tratamiento se use bien y sin planificarlo todo, que es una de las quejas más frecuentes de los pacientes. En un debate de expertos organizado por Diario Médico, urólogos y andrólogos de referencia —entre ellos representantes de la Asociación Española de Urología y de la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva— coincidían en que la adherencia mejora cuando el tratamiento se integra con naturalidad en la vida del paciente.
Por eso aquí no vamos a hablarte de marcas: los medicamentos para la disfunción eréctil son de prescripción médica, y cuál conviene en tu caso —o si conviene alguno— es una decisión que corresponde al médico que valore tu situación, no a un artículo de internet.
Lo que no ha cambiado: hay que pasar por un médico
Que un tratamiento sea cómodo no lo convierte en inocuo. Estos fármacos tienen contraindicaciones serias y bien documentadas: la más importante es su combinación con nitratos (medicación para la angina o el corazón), que puede provocar una bajada peligrosa de la tensión arterial. También hay que valorar problemas cardiacos recientes, tensión descontrolada, ciertos alfabloqueantes o antecedentes de pérdida súbita de visión.
De ahí el riesgo real de comprar estas pastillas por internet sin receta, que es lo que hacen muchos hombres por vergüenza: además de saltarse ese cribado de seguridad, se exponen a productos falsificados con dosis desconocidas — un problema documentado desde hace años por las agencias del medicamento.
Y hay un motivo más para pasar por consulta: tratar la erección sin mirar qué hay detrás es quedarse a medias. Si la causa de fondo es una tensión alta sin controlar, una diabetes incipiente o un déficit hormonal, la pastilla resuelve el síntoma mientras el problema sigue avanzando por debajo.
Cómo lo hacemos en Sanamidi
Nuestro planteamiento es quitar la barrera de la vergüenza sin quitar la del criterio médico. El paciente cuenta lo que le pasa en un cuestionario, completa su historia clínica y un cribado de seguridad que descarta las contraindicaciones de estos fármacos, y es un médico colegiado quien valora el caso y firma —si procede— el diagnóstico y la receta. Todo online, pero con un médico de verdad detrás, no un formulario que dispensa pastillas.
Si algo de lo que has leído aquí te suena, el paso sensato no es buscar una pastilla: es dedicar cinco minutos a poner en orden lo que notas y dejar que alguien con criterio lo mire.
Fuentes de los datos citados: Estudio de Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina y declaraciones de especialistas en un debate organizado por Diario Médico, recogidas por Quirónsalud.